Y por fin YO



Durante mucho tiempo fui esa mujer que “lo tenía todo”. Una carrera sólida en el mundo tecnológico, puestos de responsabilidad, estabilidad económica, un hijo maravilloso… Y aún así, algo dentro de pronto, dejó de encajar. Era como si la vida me empujara hacia adelante y yo obedeciera con profesionalidad, sin pararme a preguntarme si eso era lo que realmente quería.

Con 18 años, después de un episodio de bullying al irme a estudiar la Carrera a Barcelona y volverme a los 3 meses, empecé a tomar ansiolíticos. Lo que allí viví es una "caja negra" Nadie hablaba de estas cosas entonces, yo tampoco...

Después vinieron los ascensos, las decisiones importantes, las victorias que parecían grandes desde fuera… y también las heridas. Recuerdo perfectamente el primer día de mi vuelta al trabajo después de mi baja maternal, cuando el director general de la empresa en la que estaba me llevó a su despacho para decirme que mi hijo había sido lo peor que le había pasado a la Compañía en sus 25 años de existencia. Lo escuché, me lo tragué y lo digerí con un año sabático para ver a mi hijo dar sus primeros pasos.

Y así, con más "lindezas" en las siguientes empresas, seguí, hasta que un día, no pude más. Me detectaron un tumor en la cabeza, dos semanas antes de mi operación tuve que "dormir" a mi perro Scotty y un mes después, estaba firmando mi divorcio...

Y, obviamente... algo en mí cambió.

Luego llegó el burnout después de enfrentarme a un alto cargo de una gran empresa, por una injusticia donde esta persona me dijo literalmente "no vas a ser Directora en la puta vida"..., y ahí, en esa larga guerra, me rompí. Y no fue la mente la que dijo basta, fue el cuerpo. Y, a partir de ahí, empezaron a desmoronarse muchas cosas más. Sammy (la perra que me acompaño después de Scotty) enfermó de un tumor de corazón con solo cuatro años y a las 2 semanas falleció. Después vino Killer, un perro de aguas con muchos miedos que con 1 año se quedó ciego y después de muchos meses luchando con una enfermedad autoinmune, también se me fue...

He perdido mucho en esta vida, como todas. A personas, a perros que fueron mi sostén y a versiones de mí que ya no existen. Pero lo que más me rompió fue perder al amor de mi vida en un accidente de coche con 28 años. Ya no estábamos juntos, pero algo en mí murió con él, mi capacidad de amar murió con él.

Mi charla “Y por fin… YO” fue un cierre, un comienzo y un ritual.

La semana anterior lloré en varios bares, pero esta vez no era dolor, era otra cosa. Era emoción, vértigo. Era saber que todo lo que había vivido tenía que ser contado. No para buscar aprobación, sino para liberarme, para no esconderme más.

Hoy no necesito tener todas las respuestas. Ya no me defino por lo que he vivido, sino por lo que he elegido hacer con ello. Y si algo me guía ahora es esa certeza absoluta de que vivir es urgente. No vivir para otros, no vivir para encajar. Vivir como una misma, con todo lo que eso signifique.

Y quizá por eso, ahora, sin haberlo buscado ni planificado, acompaño a mujeres que están en ese punto donde todo empieza a tambalearse. Porque entiendo ese vértigo y porque sé que, a veces, lo único que necesitas es alguien que te acompañe y ya haya pasado por ahí.

Y esta soy yo... Con todo lo que fui, con todo lo que ya no soy, y con todo lo que estoy por descubrir. Una mujer muy intensa y comprometida que ha venido a quedarse.


Marta